En estos días he estado leyendo un poco a Baudelaire y a Rimbaud de manera paralela, tratando de asimilar las coincidencias entre ellos, pero sobre todo sus distancias, mismas que Bolaño nombró como «el poeta adulto» y «el poeta adolescente». Para hacerlo, me di a la tarea de releer Pequeños poemas en prosa e Iluminaciones. Creo que algunos, sino es que todos, van a coincidir en que la obra de Baudelaire tuvo una enorme influencia en la de Rimbaud, y tendrán toda la razón, pero creo que también vale la pena esclarecer un poco las diferencias entre ambos planteamientos y visiones poéticas. Claro, no pretendo que este sea un análisis a fondo (consciente estoy de que mi visión es todavía limitada), sólo espero que estas breves anotaciones aclaren un poco el asunto.
Para empezar con esto (y espero mi argumento sea breve), cabe aclarar que hasta no leer de nuevo Pequeños poemas en prosa, publicado póstumamente en 1869 (aunque Baudelaire ya había lanzado algunos textos en la revista Le Présent antes de su muerte), no tenía ni idea que era la obra que el autor había pensado titular más tarde como El spleen de París, misma que Charles Mauron (traductor francés) citó alguna vez como «el último Baudelaire». Compuesta por 50 poemas en prosa, que originalmente eran 20, en esta obra Baudelaire manifiesta ese desasosiego y pesar que caracteriza a la sociedad de París de esa época, pesar que también englobaba al mundo de entonces, mismo que el poeta logra canalizar para entablar un profundo diálogo poético con la noche (refugio del poeta, ergo refugio del hombre), lleno de ensoñaciones y ensimismamientos, pero nunca borrando a la sociedad en sí, sino asimilándola en su interior y haciendo de ella una fuente de reflexión. Baudelaire era capaz de digerir hasta la más pequeña partícula de la condición humana.
Por otro lado Iluminaciones, que considero supera con creces a Una temporada en el infierno, obra a la que le manifesté una profunda devoción en el pasado. Como reza en el prefacio de la primera edición, lanzada en 1887 por quien fue en su momento su amante y mentor, Paul Verlaine, la obra es «un paisaje de cuentos de hadas y adorables amores esbozados». En ella considero que Rimbaud alcanza la madurez poética, misma que aún me pregunto si estuvo ausente en sus composiciones anteriores. Plagados de instantes de asombro adolescente, recreaciones urbanas, rurales y sombras de sueños, el autor logra en sus poemas un logro similar al de Baudelaire, rozando los misterios de la humanidad y, en algunas ocasiones, revelándolos. En ese sentido considero que son más poéticas que las de Baudelaire, pero menos precisas, como nubes borrosas, pero en ocasiones incluso más bellas.
Ahora bien, en lo que se refiere a las diferencias, sin duda alguna la que considero la más marcada, en mi visión limitada, es el estilo. Baudelaire pretendía poner sobre la mesa las contradicciones de la vida moderna y el abandono del propio hombre en su época, meta que logra exitosamente mediante el uso de la narración reflexiva de su propio pensamiento y experiencias. Por otro lado, Rimbaud recurre a la creación de imágenes sucesivas, que más parecen versos dentro de un texto prosaico. Sin duda las composiciones de Baudelaire son de una madurez y crítica mayor, pero las de Rimbaud gozan de una intuición no menos efectiva acerca de los misterios que visten a la naturaleza humana. Si bien es cierto que la obra de Baudelaire «engendró» a la de Rimbaud en muchos sentidos, esta última supo muy bien como desligarse de su predecesora.
En este punto, no puedo hacer sino remitirme una vez más a las palabras de Bolaño: «Baudelaire es una roca, es fuertísimo... y aunque parezca que se va por la desmesura, es un escritor de un gran sentido común... Baudelaire, que era un drogadicto, un borracho, en realidad es un padre de familia y es el abuelo sensato»; por otro lado Rimbaud: «es un gesto más que un acto de adolescente, del adolescente frágil, inerme, que apuesta lo poco que tiene por algo que no se sabe muy bien qué es, y que generalmente pierde». Cerrar con ese declaración tan precisa de Bolaño sólo confirma que ambas visiones poéticas, tan alejadas entre sí, no son sino lo que siempre han sido, «poesía en su más pura manifestación». Aún en sus diferencias, no dejan de ser expresiones poéticas genuinas. Acompaño estos breves comentarios con una imagen de alguna universidad parisina, donde habitan estos murales de los poetas. Pasé casi dos horas buscando el nombre de la universidad para poder incluirla en el texto, pero por más que me esforcé, no pude encontrarlo.

Hola, encontré de donde es la foto. Es el suburbio parisiense de Chanteloup-les-Vignes, donde se rodó la película 'El odio', de Mathieu Kassovitz. Mira este link: https://elpais.com/babelia/2021-03-27/no-es-pais-para-poetas-subversivos.html
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